El modelo ETHAZI en Zaraobe. Así aprendemos en Mantenimiento Electromecánico (1MT2)
¿Por qué trabajamos de esta manera?
En el día a día de una empresa, una máquina no se rompe «por asignaturas». Cuando algo falla, el técnico debe saber de todo un poco: mecánica, electricidad y neumática. Por eso, en este curso no estudiamos cada materia de forma aislada. Trabajamos mediante retos reales para que el alumnado vea el problema de forma global, tal como se lo encontrará en el mundo laboral.
Es mucho más atractivo para ellos porque no solo aprenden a resolver problemas de manera compartimentada por asignaturas, sino que tratan el reto como algo global y construyen una autómata que contiene conocimientos y habilidades diversos, que en caso de no tratarse en conjunto no la podrían construir. Además, al presentar sus resultados ante varios profesores, reciben diferentes puntos de vista que enriquecen mucho más su aprendizaje.
¿Cómo nos organizamos los profesores?
Para el equipo docente, este modelo representa una forma de trabajar mucho más motivadora que nos permite salir de nuestra propia «parcela» y colaborar estrechamente con otros compañeros, impulsando así nuestro crecimiento profesional. Esta cohesión se traduce en una coordinación semanal donde dedicamos una hora a que cada pieza del engranaje educativo encaje perfectamente, asegurando que el mensaje y los objetivos lleguen de forma coherente al alumnado.

Esta unidad se hace especialmente visible en los hitos clave del reto, ya que entramos juntos a clase en los momentos más importantes: cuando planteamos el problema inicial, durante las presentaciones de los proyectos y en las sesiones de consejos para la mejora. De este modo, el alumno siente que todo el equipo docente «va a una», percibiendo un respaldo sólido y unificado que transforma la enseñanza en un proyecto compartido y sin fisuras.

Una vez que los profesores diseñamos el reto, los alumnos siguen este proceso:
- ¿Qué sabemos y qué nos falta?: Se forman los grupos y analizamos qué conocimientos tienen y cuáles necesitan aprender para solucionar el problema.
- Aprendizaje práctico: Explicamos la teoría necesaria y hacemos ejercicios y pequeñas prácticas para que ganen soltura.
- Diseño y corrección: Los alumnos proponen su propio diseño de la máquina. Lo revisamos juntos, se corrige lo necesario y, una vez aprobado, ¡pasan al montaje!
- Presentación y Feedback: Se prepara toda la documentación y presentan la máquina terminada. Al final, valoramos no solo si la máquina funciona, sino también cómo han trabajado en equipo, su respeto y su autonomía.
Este nuevo modelo de aprendizaje por retos, conocido como ETHAZI, está redefiniendo la experiencia de nuestro alumnado en el ciclo de Mantenimiento Electromecánico. Para entender el impacto real de esta metodología, hemos charlado con Sergio Bugallo y Rodrigo Fernández, dos alumnos que están viviendo en primera persona la transformación de lo que significa «ir a clase».

Desde el inicio de nuestra conversación, ambos coinciden en que la mayor virtud de este sistema es la conexión directa con la realidad. Sergio explica con entusiasmo que, a diferencia del método tradicional donde el contenido suele olvidarse tras el examen, aquí la teoría cobra un sentido inmediato. «Al final, lo que estudias lo llevas directamente a la práctica en un reto, y así es más fácil de aprender», afirma. Esta percepción es compartida por Rodrigo, quien destaca la satisfacción de ver resultados tangibles desde el primer momento: «Ves que lo que has hecho funciona desde cero y eso se te queda grabado; no es como estudiar para un control y luego borrarlo de la mente».
Esta forma de «aprender haciendo» alcanza su máximo exponente cuando las asignaturas dejan de ser compartimentos estancos. Durante el reciente Reto 4, centrado en la automatización de una máquina de estampado con el logotipo del instituto, los alumnos han experimentado la verdadera intermodularidad. Nos cuentan cómo lo que aprenden en Neumática se entrelaza de forma natural con la Electricidad y la Fabricación Mecánica. Es motivador ver cómo un cilindro diseñado y mecanizado por ellos mismos se activa gracias a un circuito eléctrico que también han montado de forma integral. Según sus propias palabras, este enfoque multidisciplinar hace que el curso sea mucho más ameno y que el tiempo en el taller «se pase volando».

Sin embargo, el corazón de ETHAZI no es solo la tecnología, sino el trabajo colaborativo. El paso del trabajo individual al aprendizaje en equipo ha sido una de las evoluciones más positivas para ambos. «Mi compañero aprende de mí y yo aprendo de él; sacamos lo mejor el uno del otro», comentan sobre la sinergia que se crea en el aula. Incluso para quienes inicialmente preferían trabajar solos, la experiencia ha sido transformadora. Sergio confiesa que, aunque antes le costaba el trabajo en grupo, está evolucionando positivamente gracias al apoyo de su compañero Rodrigo, descubriendo que la responsabilidad compartida les impulsa a involucrarse al máximo para no perjudicar el proyecto común.
Este crecimiento no sería posible sin un cambio en el rol del profesorado, que ahora actúa como guía en un proceso de evaluación continua. Los alumnos valoran enormemente el feedback constante que reciben, lo que les permite corregir errores sobre la marcha y sentir que su progresión es «exponencial». Al finalizar el reto, la sensación de competencia es real y profunda.
Por ello, Sergio y Rodrigo no dudan en lanzar un mensaje a quienes estén pensando en dar el paso:
«Si alguno lee esto, que se anime porque lo va a disfrutar. Es otra forma de aprender que se lleva muy bien y te prepara de verdad».





